martes, 24 de abril de 2012



Lectura 3
1.    A modo de introducción: ética, morales y niveles de conciencia.
 En una reflexión sobre ética y moral. la moral designa la adhesión, por parte de los individuos, a unas normas y valores a partir de los que aquéllos juzgan sus acciones como correctas o incorrectas. Ética personalidad de quien posee determinados hábitos y costumbres por los que se caracteriza su obrar.

 Al margen de las muchas y muy diversas concepciones e interpretaciones que sobre los términos "ética" y "moral" y su diferenciación se han venido dando a lo largo de la historia, se insiste aquí en la importancia de tal distinción precisamente para poder entender la afirmación que se mantendrá más adelante, a saber: que una ética para el profesor universitario ha de encarar, si quiere acertar en el ejercicio de su labor, la convivencia, a veces dilemática, de diversas morales.

En efecto, gracias a los estudios de la psicología evolutiva aplicada al ámbito de la moralidad llevados a cabo por Piaget y Kohlberg,  se sabe hoy que la conciencia moral, aquella capacidad de enjuiciar como correctas o incorrectas las acciones desde un determinado criterio, evoluciona. La conciencia moral pasa por tres niveles con sus correspondientes estadios.

En el primer nivel, llamado preconvencinal, el individuo se halla en una etapa infantil, egocéntrica, en la que el criterio de corrección de las acciones se identifica con el placer personal.

En un segundo nivel y en una etapa posterior, identificada con la adolescencia, el individuo, por vivencia de la insuficiencia del criterio hedonista, busca la acogida del grupo, de modo que el criterio moral es lo socialmente aceptado.

En tercer nivel  el estadio de madurez, de distanciamiento crítico-racional, cuando el criterio moral se identifica con la universalización de los comportamientos, en la que lo correcto lo es por ser querido por el individuo como ley universal de la humanidad.

Para defender la afirmación de que no hay ética sin moral, pueden alegarse, como mínimo, tres motivos:


-          Porque la distancia crítico-reflexiva se emprende a partir de las morales históricas preconvencionales y convencionales, una vez traspasadas por la duda que genera la insatisfacción, por insuficiencia, de las respuestas que éstas ofrecen.

-          Porque la misma investigación ética no es axiológicamente neutra, sino que se lleva a cabo, como toda investigación correctamente realizada, desde una actitud de honestidad, integridad, imparcialidad e interés por la verdad en el conocer y por la corrección en el proceder ético.

-          Porque el desarrollo idóneo de toda moral es el logro, desde la distancia crítico-racional, de un convencimiento auténtico de la moral seguida.

Creer, por lo tanto, que desde la libertad de cátedra puede prescindirse de los otros implicados en la apuesta por la enseñanza –los alumnos, la universidad y la sociedad en general– bien para ignorarlos desde un nivel preconvencional, bien para seguirlos acríticamente desde el nivel convencional, es desconocer y atentar contra la responsabilidad ética del profesor universitario, para reflexionar sobre la ética del profesor universitario y la ética de la institución donde éste realiza su tarea. Para ello se cuestionará, en primer lugar, la función que legitima a la Universidad y, dentro de ella, al profesor; desde los principios éticos de universalización y justicia, la reflexión sobre la ética docente de este estudio irá de la mano de la consideración de todos los agentes de las teorías de la organización, estos son cuatro, a saber: los profesores, los alumnos, la Universidad como organización y la sociedad en general, de la que la Universidad recibe subvenciones y para con la que tiene unos deberes que será preciso explicitar.


2.    La convivencia dilemática de varias morales
El replanteamiento de las finalidades, la revisión de éstas con los implicados en la actividad –los que toman parte en la apuesta–, la pregunta por la competitividad y por la relación con poderes como la sociedad, la empresa y los políticos son cuestiones que cabe tratar en una reflexión sobre la ética del profesor universitario.
Pues bien, la idea genérica que debe estar presente a lo largo de estas reflexiones es que la Universidad tiene como finalidad-principio de sus acciones la generación de seres que sean "ellos mismos", seres autónomos que lleguen a convertirse en buenos profesionales. La ética, por cierto, en tanto que actividad investigadora, también tiene una finalidad-principio de su acción: la orientación imparcial de opinión pública5 para la sociedad.
Ésta es una primera tarea que compete a la Universidad y al profesor en concreto para con el alumno; una segunda se refiere a la futura moral profesional del alumno porque la Universidad también ha de educarlo profesionalmente.

Ser buen profesional implica ser responsable, de manera retrospectiva, estar agradecido al pasado y continuar con la tradición en la que uno se inserta; e implica, además, que la Universidad sea capaz de formar nuevos profesionales y, para ello, que sepa transmitir responsabilidad proactiva, es decir, generar profesionales integrados en comunidades convencionales pero capaces de resolver nuevos problemas y nuevos retos de manera creativa e innovadora. Abonar el terreno para que afloren los nuevos profesionales que han de asumir el reto del futuro es tarea de la Universidad y, en concreto, de su personal docente.

Por último, también como profesores, tenemos respecto del alumno el deber de integrar armónicamente todas esas morales para no hacer de los alumnos seres esquizofrénicos que viven –malviviendo– las diferentes morales cual compartimentos estancos. Y ello exige dotarlos de esa formación integral que siempre defiende la educación, una formación propia del ciudadano integrado y partícipe en una moral social, civil.

No obstante, el alumno constituye –y constituirá siempre– el principal vector de la Universidad y eso implica, como mínimo, tres cuestiones:

Es preciso partir de una relación asimétrica: el alumno se dirige a la Universidad para recibir, por lo que, en este caso, resulta desacertado aplicarle las denominaciones de “cliente” o “usuario”. Dicho estado de asimetría y de vulnerabilidad siempre está presente precisamente porque el alumno solicita un servicio, su propia formación, que no tiene y quiere o necesita. Mas no es éste un servicio cualquiera más o menos contingente sino que se trata de la formación integral como personas. En este sentido, el alumno es un "ser necesitado" que requiere del profesor el ejercicio de una responsabilidad solidaria.
                         
                        Evidentemente, en tanto que principal stakeholder, como principal implicado en la actividad universitaria, el alumno ha de ser consultado en determinadas tomas de decisión, pero desde su asimetría, desde su vulnerabilidad. Consecuentemente, será preciso replantear la función de los tests de calidad docente, cuando se solicitan, para que estudien, por ejemplo, la correlación entre el número de suspensos y el grado de satisfacción; o comparar esos mismos tests con los de los ex alumnos, etc. La información que los ex alumnos proporcionan es en este aspecto de inmensa relevancia, precisamente porque permite aplicar a los propios profesores tests de calidad no sólo en lo que a la estricta actuación lectiva de la materia se refiere, sino también en la tarea, más a largo plazo, de la formación de profesionales, actuación que el docente universitario también debe asumir y autoevaluar.

                        La tercera cuestión alude al hecho de que, si se pretende alcanzar tales metas morales –morales posconvencionales individuales, profesionales, organizativas y civiles–, es necesario asumir la perspectiva ética en cada asignatura. En muchas universidades se imparten ya asignaturas de ética profesional. Sin embargo, sigue resultando insuficiente una asignatura de ética: la ética, todos los estudiosos coinciden en ello, ha de ser transversal, debe procurarse que cada una de las asignaturas contemple dicha perspectiva ética.

AUTONOMÍA-UNIVERSALIZACIÓN
Una decisión es correcta si se desea para uno lo que, al mismo tiempo, podría quererse que fuera la ley universal. Dicho de manera negativa, no quieras para ti lo que no quisieras que fuera  la ley que rige el universo de las relaciones humanas.

JUSTICIA

Una decisión es justa si cuenta con el consentimiento de los afectados en condiciones de información y simetría, todo lo cual implica tratar a los afectados como seres iguales y en relaciones de reciprocidad; es decir, que lo que se haga a uno éste debe poder hacerlo a los demás en tanto que sujetos de iguales derechos, y viceversa.



NO MALEFICENCIA
Este principio exige no aumentar el mal de los que ya están mal ni crear un mal nuevo. Y el mal es lo que nadie querría para sí y de lo que, en coherencia, tampoco desearíala universalización.

BENEFICENCIA
Este principio exige el logro de la máxima felicidad para el máximo número de personas pero de modo que, en aplicación del principio de justicia, éstas ofrezcan su opinión sobre qué sea eso llamado felicidad o bien máximo.

VULNERABILIDAD
El ser humano se encuentra en condiciones de debilidad que pueden alterar su autonomía; por eso este principio ha de completarse con aquél

SOLIDARIDAD
Cuando no puede contar con el consentimiento de los afectados o no se hallan éstos en condiciones de información y simetría, debe decidirse en su nombre optando por lo mejor para ellos.

INTEGRIDAD
Este principio complementa el de no maleficencia dado que recuerda que, para considerar el mal real o posible, hay que integrar las circunstancias y las decisiones de las personas en contextos más amplios, a fin de que dicha consideración sea, por completa, correcta.

FINITUD
El humano es un ser finito y limitado de muchas maneras. Este principio completa el de beneficencia al recordar que no todo lo que una persona se propone puede ser realizado ya, aquí y ahora.

PRUDENCIA
Alude este principio al saber hacer, a la inteligencia sobre la elección de los medios, inteligencia tanto estratégica como emocional

CALIDAD
Este principio alude al producto o servicio –y a todo el proceso que rodea a éste– que uno se compromete a ofrecer

La calidad engloba varias dimensiones:

-          Satisfacción del cliente. Característica esta muy subjetiva ya que depende de la psicología, conocimientos y gustos de los actuales "clientes".
                         
-          Calidad objetiva, por inherente al objeto, que es el producto o servicio ofrecidos. Esta dimensión de la calidad se da cuando el producto o servicio cumple con los fines para los que fue creado, independientemente de la valoración que de él hagan los "clientes" o "usuarios", que pueden estar más o menos informados.


-          Satisfacción de los profesionales que, atentos a la calidad objetiva y a las posibilidades de la empresa u organización en la que trabajan, conocen lo que puede en rigor esperarse de un producto o servicio dada la tecnología y economía disponibles en la actualidad.
                        Eficacia en la distribución de tiempos y recursos destinados al producto o servicio.
                        Organización humana. La calidad también incluye un clima ético en la organización

De ese modo, ser un buen profesor universitario pasa necesariamente per tener muy claro que la principal meta es que el alumno llegue a madurar técnica y humanamente –formación integral. Los profesores hemos de ser capaces de desarrollar nosotros mismos, para promoverlas, la inteligencia y la pasión, la ciencia y el humanismo, lo que Aristóteles llama la unidad de las virtudes.

Criterios éticos para la ética docente
Cuando se alude a la calidad docente, no puede dejar de mencionarse el tema del criterio ético. Estos criterios ya han ido apareciendo a lo largo de este escrito, aunque no explícitamente.
En definitiva, tres pueden ser, a nuestro parecer, los criterios para juzgar la actuación del docente universitario, a saber:

El progreso. La universidad ha de ser motor de progreso y el profesorado es pieza esencial de dicho motor. Este progreso se concreta en dos vertientes: en primer lugar, en saber adaptarse al medio, en el doble sentido de que la Universidad debe adaptarse a la sociedad y ésta al entorno más amplio, que es el mundo.


El segundo criterio ético consiste en juzgar la propia conducta con relación a la adecuación a las finalidades legitimadoras.


También deberíamos considerar cómo llevamos el difícil equilibrio con el mundo político, el mundo empresarial y las modas sociales de cualquier tipo.

Conclusiones

El alumno es el destinatario inmediato de la actividad universitaria; la sociedad en general lo es de forma mediata. Desconocer la dimensión ética de la función universitaria constituye una carencia de gran importancia en la formación integral. Una sociedad que desconoce la trascendencia de la Universidad olvida uno de los pilares básicos en el construcción de su progreso.

El profesor debería evitar tanto la mezcla indiscriminada como la separación esquizofrénica e irresponsable de las distintas morales que orientan su obrar según los ámbitos de la privacidad, lo profesional –docencia e investigación–, lo institucional –universidad pública o privada, con las respectivas ideologías u orientaciones– y lo civil en tanto que ciudadano de una determinada sociedad.

3 La responsabilidad de que haya responsabilidad es un reto del profesor universitario; por eso él constituye, en cierto sentido, un paradigma moral. Pero también el profesor es individuo y vulnerable –humano; por ello es una irresponsabilidad de la institución universitaria cargar todas las tintas de la ética universitaria en la figura del profesor. Para conseguir un reparto equilibrado –justo y prudente– de las tareas, se requieren subpolíticas y foros de discusión en la Universidad donde el docente pueda exponer y compartir las dificultades inherentes a su quehacer.
4 Una ética de la institución universitaria ha de ir más allá de códigos y declaraciones de misiones e intenciones; tendrá que motivar –en un sentido muy amplio, que incluiría los aspectos económicos, ergonómicos, psicológicos, profesionales, etc.– también a sus docentes.

La búsqueda de la excelencia constituye un proyecto de construcción tanto individual como institucional, en el que la segunda es subsidiaria de la primera pero aquélla resulta difícilmente asequible sin ésta. Dicho de otro modo, no hay buena universidad sin buenos docentes y a éstos los formó una universidad. En definitiva, si la Universidad es una institución que ha de velar por el rigor en la búsqueda de la verdad y lo correcto, pieza clave de todo ese engranaje es el profesor

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