Lectura
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1. A modo de introducción:
ética, morales y niveles de conciencia.
En una reflexión sobre ética y moral. la moral
designa la adhesión, por parte de los individuos, a unas normas y valores a
partir de los que aquéllos juzgan sus acciones como correctas o incorrectas.
Ética personalidad de quien posee determinados hábitos y costumbres por los que
se caracteriza su obrar.
Al margen de las muchas y muy diversas
concepciones e interpretaciones que sobre los términos "ética" y
"moral" y su diferenciación se han venido dando a lo largo de la
historia, se insiste aquí en la importancia de tal distinción precisamente para
poder entender la afirmación que se mantendrá más adelante, a saber: que una
ética para el profesor universitario ha de encarar, si quiere acertar en el
ejercicio de su labor, la convivencia, a veces dilemática, de diversas morales.
En efecto, gracias a los
estudios de la psicología evolutiva aplicada al ámbito de la moralidad llevados
a cabo por Piaget y Kohlberg, se sabe hoy
que la conciencia moral, aquella capacidad de enjuiciar como correctas o
incorrectas las acciones desde un determinado criterio, evoluciona. La
conciencia moral pasa por tres niveles con sus correspondientes estadios.
En
el primer nivel, llamado preconvencinal, el individuo se halla en
una etapa infantil, egocéntrica, en la que el criterio de corrección de las
acciones se identifica con el placer personal.
En
un segundo nivel y en una etapa posterior, identificada con la
adolescencia, el individuo, por vivencia de la insuficiencia del criterio
hedonista, busca la acogida del grupo, de modo que el criterio moral es lo
socialmente aceptado.
En
tercer nivel el estadio de madurez, de
distanciamiento crítico-racional, cuando el criterio moral se identifica con la
universalización de los comportamientos, en la que lo correcto lo es por ser querido
por el individuo como ley universal de la humanidad.
Para defender la afirmación
de que no hay ética sin moral, pueden alegarse, como mínimo, tres
motivos:
-
Porque la distancia crítico-reflexiva se emprende a
partir de las morales históricas preconvencionales y convencionales, una vez
traspasadas por la duda que genera la insatisfacción, por insuficiencia, de las
respuestas que éstas ofrecen.
-
Porque la misma investigación ética no es axiológicamente
neutra, sino que se lleva a cabo, como toda investigación correctamente
realizada, desde una actitud de honestidad, integridad, imparcialidad e interés
por la verdad en el conocer y por la corrección en el proceder ético.
-
Porque el desarrollo idóneo de toda moral es el logro,
desde la distancia crítico-racional, de un convencimiento auténtico de la moral
seguida.
Creer,
por lo tanto, que desde la libertad de cátedra puede prescindirse de los otros
implicados en la apuesta por la enseñanza –los alumnos, la universidad y la
sociedad en general– bien para ignorarlos desde un nivel preconvencional, bien
para seguirlos acríticamente desde el nivel convencional, es desconocer y
atentar contra la responsabilidad ética del profesor universitario, para
reflexionar sobre la ética del profesor universitario y la ética de la
institución donde éste realiza su tarea. Para ello se cuestionará, en primer
lugar, la función que legitima a la Universidad y, dentro de ella, al profesor;
desde los principios éticos de universalización y justicia, la reflexión sobre
la ética docente de este estudio irá de la mano de la consideración de todos
los agentes de las teorías de la organización, estos son cuatro, a saber: los
profesores, los alumnos, la Universidad como organización y la sociedad en
general, de la que la Universidad recibe subvenciones y para con la que tiene
unos deberes que será preciso explicitar.
2. La convivencia dilemática de
varias morales
El replanteamiento
de las finalidades, la revisión de éstas con los implicados en la actividad
–los que toman parte en la apuesta–, la pregunta por la competitividad y por la
relación con poderes como la sociedad, la empresa y los políticos son
cuestiones que cabe tratar en una reflexión sobre la ética del profesor
universitario.
Pues bien, la idea
genérica que debe estar presente a lo largo de estas reflexiones es que la
Universidad tiene como finalidad-principio de sus acciones la generación de
seres que sean "ellos mismos", seres autónomos que lleguen a
convertirse en buenos profesionales. La ética, por cierto, en tanto que
actividad investigadora, también tiene una finalidad-principio de su acción: la
orientación imparcial de opinión pública5 para la sociedad.
Ésta es una primera tarea que
compete a la Universidad y al profesor en concreto para con el alumno; una
segunda se refiere a la futura moral profesional del alumno porque la
Universidad también ha de educarlo profesionalmente.
Ser buen profesional implica ser
responsable, de manera retrospectiva, estar agradecido al pasado y continuar
con la tradición en la que uno se inserta; e implica, además, que la
Universidad sea capaz de formar nuevos profesionales y, para ello, que sepa
transmitir responsabilidad proactiva, es decir, generar profesionales
integrados en comunidades convencionales pero capaces de resolver nuevos
problemas y nuevos retos de manera creativa e innovadora. Abonar el terreno
para que afloren los nuevos profesionales que han de asumir el reto del futuro
es tarea de la Universidad y, en concreto, de su personal docente.
Por último, también como profesores,
tenemos respecto del alumno el deber de integrar armónicamente todas esas
morales para no hacer de los alumnos seres esquizofrénicos que viven
–malviviendo– las diferentes morales cual compartimentos estancos. Y ello exige
dotarlos de esa formación integral que siempre defiende la educación, una
formación propia del ciudadano integrado y partícipe en una moral social,
civil.
No obstante, el alumno constituye –y
constituirá siempre– el principal vector de la Universidad y eso implica, como
mínimo, tres cuestiones:
Es preciso partir de una relación
asimétrica: el alumno se dirige a la Universidad para recibir, por lo que, en
este caso, resulta desacertado aplicarle las denominaciones de “cliente” o
“usuario”. Dicho estado de asimetría y de vulnerabilidad siempre está presente
precisamente porque el alumno solicita un servicio, su propia formación, que no
tiene y quiere o necesita. Mas no es éste un servicio cualquiera más o menos
contingente sino que se trata de la formación integral como personas. En este
sentido, el alumno es un "ser necesitado" que requiere del profesor
el ejercicio de una responsabilidad solidaria.
Evidentemente, en tanto que principal stakeholder, como principal
implicado en la actividad universitaria, el alumno ha de ser consultado en
determinadas tomas de decisión, pero desde su asimetría, desde su
vulnerabilidad. Consecuentemente, será preciso replantear la función de los
tests de calidad docente, cuando se solicitan, para que estudien, por ejemplo,
la correlación entre el número de suspensos y el grado de satisfacción; o
comparar esos mismos tests con los de los ex alumnos, etc. La información que
los ex alumnos proporcionan es en este aspecto de inmensa relevancia,
precisamente porque permite aplicar a los propios profesores tests de calidad
no sólo en lo que a la estricta actuación lectiva de la materia se refiere,
sino también en la tarea, más a largo plazo, de la formación de profesionales,
actuación que el docente universitario también debe asumir y autoevaluar.
La tercera cuestión alude al hecho de que, si se pretende alcanzar
tales metas morales –morales posconvencionales individuales, profesionales,
organizativas y civiles–, es necesario asumir la perspectiva ética en cada
asignatura. En muchas universidades se imparten ya asignaturas de ética
profesional. Sin embargo, sigue resultando insuficiente una asignatura de
ética: la ética, todos los estudiosos coinciden en ello, ha de ser transversal,
debe procurarse que cada una de las asignaturas contemple dicha perspectiva
ética.
AUTONOMÍA-UNIVERSALIZACIÓN
Una decisión es correcta si
se desea para uno lo que, al mismo tiempo, podría quererse que fuera la ley
universal. Dicho de manera negativa, no quieras para ti lo que no quisieras que
fuera la ley que rige el universo de las relaciones humanas.
JUSTICIA
Una decisión
es justa si cuenta con el consentimiento de los afectados en condiciones de
información y simetría, todo lo cual implica tratar a los afectados como seres
iguales y en relaciones de reciprocidad; es decir, que lo que se haga a uno
éste debe poder hacerlo a los demás en tanto que sujetos de iguales derechos, y
viceversa.
NO MALEFICENCIA
Este
principio exige no aumentar el mal de los que ya están mal ni crear un
mal nuevo. Y el mal es lo que nadie querría para sí y de lo que, en coherencia,
tampoco desearíala universalización.
BENEFICENCIA
Este
principio exige el logro de la máxima felicidad para el máximo número de
personas pero de modo que, en aplicación del principio de justicia, éstas
ofrezcan su opinión sobre qué sea eso llamado felicidad o bien máximo.
VULNERABILIDAD
El ser
humano se encuentra en condiciones de debilidad que pueden alterar su
autonomía; por eso este principio ha de completarse con aquél
SOLIDARIDAD
Cuando no
puede contar con el consentimiento de los afectados o no se hallan éstos en
condiciones de información y simetría, debe decidirse en su nombre optando
por lo mejor para ellos.
INTEGRIDAD
Este
principio complementa el de no maleficencia dado que recuerda que, para
considerar el mal real o posible, hay que integrar las circunstancias y las
decisiones de las personas en contextos más amplios, a fin de que dicha
consideración sea, por completa, correcta.
FINITUD
El humano es
un ser finito y limitado de muchas maneras. Este principio completa el de
beneficencia al recordar que no todo lo que una persona se propone puede ser
realizado ya, aquí y ahora.
PRUDENCIA
Alude este
principio al saber hacer, a la inteligencia sobre la elección de los
medios, inteligencia tanto estratégica como emocional
CALIDAD
Este
principio alude al producto o servicio –y a todo el proceso que rodea a éste–
que uno se compromete a ofrecer
La calidad engloba varias
dimensiones:
-
Satisfacción del cliente. Característica esta muy subjetiva ya que
depende de la psicología, conocimientos y gustos de los actuales
"clientes".
-
Calidad objetiva, por inherente al objeto, que es el producto o
servicio ofrecidos. Esta dimensión de la calidad se da cuando el producto o
servicio cumple con los fines para los que fue creado, independientemente de la
valoración que de él hagan los "clientes" o "usuarios", que
pueden estar más o menos informados.
-
Satisfacción de los profesionales que, atentos a la calidad objetiva
y a las posibilidades de la empresa u organización en la que trabajan, conocen
lo que puede en rigor esperarse de un producto o servicio dada la tecnología y
economía disponibles en la actualidad.
Eficacia en la distribución de tiempos y recursos destinados al
producto o servicio.
Organización humana. La calidad también incluye un clima ético en la
organización
De
ese modo, ser un buen profesor universitario pasa necesariamente per tener muy
claro que la principal meta es que el alumno llegue a madurar técnica y
humanamente –formación integral. Los profesores hemos de ser capaces de
desarrollar nosotros mismos, para promoverlas, la inteligencia y la pasión, la
ciencia y el humanismo, lo que Aristóteles llama la unidad de las virtudes.
Criterios éticos para la ética
docente
Cuando
se alude a la calidad docente, no puede dejar de mencionarse el tema del
criterio ético. Estos criterios ya han ido apareciendo a lo largo de este
escrito, aunque no explícitamente.
En
definitiva, tres pueden ser, a nuestro parecer, los criterios para juzgar la
actuación del docente universitario, a saber:
El progreso. La universidad ha de ser motor de progreso y el
profesorado es pieza esencial de dicho motor. Este progreso se concreta en dos
vertientes: en primer lugar, en saber adaptarse al medio, en el doble sentido
de que la Universidad debe adaptarse a la sociedad y ésta al entorno más
amplio, que es el mundo.
El segundo criterio ético consiste en juzgar la propia conducta con
relación a la adecuación a las finalidades legitimadoras.
También deberíamos considerar cómo llevamos el difícil equilibrio con
el mundo político, el mundo empresarial y las modas sociales de cualquier tipo.
Conclusiones
El alumno es el destinatario inmediato de la actividad universitaria;
la sociedad en general lo es de forma mediata. Desconocer la dimensión ética de
la función universitaria constituye una carencia de gran importancia en la
formación integral. Una sociedad que desconoce la trascendencia de la
Universidad olvida uno de los pilares básicos en el construcción de su
progreso.
El profesor debería evitar tanto la mezcla indiscriminada como la
separación esquizofrénica e irresponsable de las distintas morales que orientan
su obrar según los ámbitos de la privacidad, lo profesional –docencia e investigación–,
lo institucional –universidad pública o privada, con las respectivas ideologías
u orientaciones– y lo civil en tanto que ciudadano de una determinada sociedad.
3 La
responsabilidad de que haya responsabilidad es un reto del profesor universitario;
por eso él constituye, en cierto sentido, un paradigma moral. Pero también el
profesor es individuo y vulnerable –humano; por ello es una irresponsabilidad
de la institución universitaria cargar todas las tintas de la ética
universitaria en la figura del profesor. Para conseguir un reparto equilibrado
–justo y prudente– de las tareas, se requieren subpolíticas y foros de
discusión en la Universidad donde el docente pueda exponer y compartir las
dificultades inherentes a su quehacer.
4 Una ética de la institución universitaria ha de ir más allá de
códigos y declaraciones de misiones e intenciones; tendrá que motivar –en un
sentido muy amplio, que incluiría los aspectos económicos, ergonómicos,
psicológicos, profesionales, etc.– también a sus docentes.
La búsqueda de la excelencia constituye un proyecto de construcción
tanto individual como institucional, en el que la segunda es subsidiaria de la
primera pero aquélla resulta difícilmente asequible sin ésta. Dicho de otro
modo, no hay buena universidad sin buenos docentes y a éstos los formó una
universidad. En definitiva, si la Universidad es una institución que ha de
velar por el rigor en la búsqueda de la verdad y lo correcto, pieza clave de
todo ese engranaje es el profesor
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